Ciencia y Consciencia

TONI BENNÁSSAR

12- metafísicacem.org

A QUÉ LLAMAMOS “YO”

Esta pregunta tiene un número casi infinito de respuestas, porque en el fondo somos partes de un Todo.

Desde el punto de vista de nuestro universo dual (espacio-temporal), casi cualquier cosa es un sistema compuesto de muchos “yo”. Todo observable es una multitud de “entes o cosas” formando conjuntos que tienen su propia personalidad, desde un electrón a una compleja molécula de ADN, y a su vez cada una de ellas forma una escalera ascendente de nivel en nivel hasta alcanzar la consciencia del Todo en ser humano.

Así pues los seres humanos somos un conjunto de cientos de millones de “micro-seres” todos con sus nombres desde las más profundas células hasta sistemas más complejos como el corazón, el hígado y los pulmones, conjuntos ordenados trabajando unidos para participar de nuestro “pequeño yo” sin imaginar que forman parte de un cuerpo de Consciencia ACL que los controla.

Si continuamos por este camino, todo el reino animal es un “Gran Yo” extendido con miles de millones de pequeños “yo” entre los que nos incluimos. Siendo más conscientes sabemos que participamos de un campo de Consciencia mucho mayor formando lo que llamaríamos una dimensión espaciotemporal.

Si queremos ser buenos observadores, entenderemos rápidamente que nuestro “yo humano” en realidad no empieza ni termina en la energía-materia o dimensión espaciotemporal, porque nada tiene el menor sentido aislado de su entorno. De ahí la tan repetida frase angélica “dos son uno y uno es dual” que podríamos continuar diciendo lo dual es trino, lo trino es múltiple y lo múltiple es infinito.

El arte en todas sus formas, ha sido uno de los primeros campos del “saber” que se ha manifestado para enseñar el valor de los conjuntos.

Todo espectáculo escénico se concibe situado en un escenario. Lo mismo ocurre con la música que puede iniciarse con un soliloquio para continuar creciendo con más participantes y terminar en grandes conjuntos cuya “unidad musical” es representada por el director de la orquesta o de la coral que, paradójicamente, es el único que no participa directamente de las voces y de la música. Pero todos dependen de él.

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